No todo se construye con cemento, rieles y máquinas.
Germán Fandiño Sierra | Análisis CDC
Cristian David Garzón Castro hacía parte de una escuadra antievasión de TransMilenio. El 18 de septiembre murió después de ser atacado con arma blanca en la estación Terreros, en Soacha. TransMilenio confirmó el hecho y señaló que una persona presuntamente involucrada fue capturada y puesta a disposición de las autoridades. La justicia deberá establecer las responsabilidades individuales. Eso es indispensable.
Pero Bogotá debería hacerse otra pregunta: ¿cuánto tiempo puede una ciudad dejar de construir ciudadanía antes de que esa deuda termine recayendo sobre personas concretas?
La infraestructura que no vemos
Bogotá ha construido estaciones, portales y corredores. Ahora construye rieles. Pero un sistema de transporte no funciona solamente con infraestructura física. También necesita una infraestructura invisible: confianza, respeto por las normas, convivencia, apropiación de lo público, corresponsabilidad y capacidad para resolver conflictos sin violencia. Esa infraestructura también requiere inversión, continuidad, instituciones y evaluación.
Cuando esa infraestructura se debilita, alguien termina soportando sus consecuencias. Demasiadas veces ese alguien es el último trabajador de la cadena.
Ningún guarda debería cargar sobre sus hombros décadas de tareas pendientes de toda una ciudad. Cristian tampoco debió hacerlo.
No es un hecho aislado
Las cifras obligan a mirar más allá de una sola tragedia. Para el 22 de julio de 2026, el balance ya superaba 230 agresiones contra guardas de TransMilenio, principalmente durante controles para impedir la evasión. El mismo reporte muestra una progresión inquietante: 77 casos al 26 de marzo, 184 al 23 de abril, más de 200 un mes después y más de 230 en julio.
Hay otros síntomas que no deben confundirse entre sí, pero que forman parte del entorno que debe gestionar el sistema. Los hurtos a personas dentro de los buses pasaron de 5.950 en 2024 a 8.623 en 2025, un aumento del 45 %. Y entre enero y julio de 2026 se impusieron 122.925 comparendos por ingreso o salida irregular y evasión, un promedio de 579 diarios.
Nada de esto significa que la cultura ciudadana explique por sí sola el delito, la violencia o la evasión. No lo hace. Seguridad, capacidad policial, infraestructura, diseño operacional, intervención social, justicia y control son indispensables. Pero tampoco podemos cometer el error contrario: creer que todos los problemas de convivencia pueden resolverse colocando a una persona uniformada frente a un torniquete.
Los guardas deben formar parte del sistema de protección. No pueden ser el sistema.
Bogotá lleva años recibiendo señales
Para CDC esta reflexión no comenzó con la muerte de Cristian. En enero de 2013, cuando todavía éramos Fundación Bogotá Mía, publicamos “Recuperemos la Cultura Ciudadana”. Allí señalábamos problemas cotidianos de TransMilenio —filas que no se respetaban, ingreso antes de permitir la salida y agresividad frente a conductas cívicas— y planteábamos algo que sigue siendo central: la formación ciudadana debía ser continua y los programas debían institucionalizarse en los ámbitos público y privado.
Meses después, en conversación con la periodista Ayda María Martínez de Diario ADN, abordamos las medidas contra los “colados” desde una perspectiva integral de cultura ciudadana, vinculando cumplimiento de normas, sentido de pertenencia, convivencia y funcionamiento del sistema.
En 2020 volvimos sobre la misma tesis en “Cultura Ciudadana en la Movilidad: Instrumento de Desarrollo”: la movilidad debe entenderse como un sistema en el que infraestructura, usuarios y entorno social interactúan, y en el que autoridad y educación no son alternativas excluyentes.
No recuperamos estos antecedentes para decir “teníamos razón”. Ojalá la realidad nos hubiera quitado la razón. Los recuperamos porque muestran que Bogotá ha tenido tiempo suficiente para comprender que la infraestructura física y la infraestructura cívica deben construirse simultáneamente.
No podemos acostumbrarnos a dejar de llorar a nuestros muertos
Hay otro texto de nuestra historia institucional que hoy adquiere un significado distinto. Lo titulamos “La ciudad que olvidó llorar sus muertos”. Nació de otra tragedia urbana y de una preocupación que permanece vigente: el riesgo de convertir una muerte en noticia, luego en estadística y finalmente en olvido.
Eso también puede ocurrir con Cristian: indignarnos unos días, exigir justicia, conocer una nueva noticia y continuar. Una ciudad sensible llora a sus muertos. Una ciudad responsable, además, aprende de ellos.
La indignación que no produce aprendizaje institucional termina agotándose. No basta con recordar: hay que cambiar las condiciones que hacen posible la repetición.
Medellín entendió algo antes de poner en marcha su primer tren
La comparación no busca idealizar ni copiar otra ciudad. Busca aprender. La construcción de lo que hoy se conoce como Cultura Metro comenzó en Medellín en 1988, cuando la empresa se propuso generar confianza, pertenencia y cuidado alrededor de un sistema que todavía no operaba comercialmente. El Metro inició su operación comercial en 1995: siete años después.
Antes de transportar pasajeros, comenzaron a formar usuarios. Antes de inaugurar infraestructura, comenzaron a construir pertenencia.
El Metro es nuestra oportunidad para hacerlo diferente
Bogotá tiene ahora una oportunidad extraordinaria. Pero sería insuficiente construir una excelente cultura alrededor del Metro mientras TransMilenio, los buses zonales, las estaciones, los portales, los intercambiadores y sus entornos permanecen separados conceptualmente.
La ciudad necesita una estrategia común para todo el Sistema Integrado de Transporte Público: infraestructura + seguridad + autoridad + intervención social + prevención + pedagogía + ciencias del comportamiento + resolución de conflictos + construcción de ciudadanía.
Y debe dejar de medir solamente actividades para medir transformaciones: menos agresiones, menos evasión, mayor cumplimiento de normas, menos conflictos, trabajadores más seguros y mayor apropiación del sistema. Eso es construir infraestructura cívica.
No queremos decir que teníamos razón. Queremos ayudar a que algo cambie.
Desde 2012, primero como Fundación Bogotá Mía y hoy como Ciudadanía para el Desarrollo Consultoría – CDC, hemos trabajado alrededor de ciudadanía, movilidad, convivencia, sostenibilidad y apropiación de lo público. No queremos utilizar la muerte de Cristian para promocionar esa trayectoria. Queremos ponerla al servicio de una conversación que Bogotá ya no debería seguir postergando.
La ciudad tiene instituciones, universidades, empresas, organizaciones sociales, operadores, trabajadores y ciudadanía suficientes para construir una estrategia integral de largo plazo. Lo que necesita es articularlos alrededor de un propósito que sobreviva administraciones, campañas y coyunturas.
Porque no todo se construye con cemento. Tampoco con rieles. Ni con máquinas.
De la reflexión a la acción
En Ciudadanía para el Desarrollo Consultoría – CDC ponemos esta experiencia al servicio de Bogotá y de los territorios de Colombia. Acompañamos a entidades distritales, alcaldías locales, municipios, gobernaciones, sistemas de transporte, empresas y organizaciones en el diagnóstico, diseño, implementación y evaluación de estrategias de cultura ciudadana, convivencia, apropiación de lo público y transformación de comportamientos, articulando pedagogía, comunicación, ciencias del comportamiento, participación ciudadana, prevención de conflictos, gestión territorial e indicadores de impacto.
No proponemos campañas aisladas. Ayudamos a construir capacidades y estrategias sostenibles, medibles y adaptadas a cada territorio, capaces de convertir problemas cotidianos de convivencia en oportunidades de transformación colectiva.
Si una ciudad quiere transformar comportamientos, fortalecer la convivencia o construir apropiación alrededor de su infraestructura y sus espacios públicos, conversemos. Porque la infraestructura invisible también se diseña, se construye y se puede medir.
La infraestructura más difícil de construir es aquella que no puede inaugurarse con una cinta: confianza, convivencia, respeto por las normas, apropiación de lo público y ciudadanía. Esa es la infraestructura invisible que Bogotá ha dejado pendiente durante décadas.
Y quizá la mejor manera de honrar a quienes han terminado soportando las consecuencias de esa deuda no sea solamente recordarlos. Es evitar que alguien más tenga que ocupar su lugar.
Referencias
Metro de Medellín. (s. f.). Cultura Metro.
Metro de Medellín. (2025, 28 de noviembre). 30 años de Calidad de Vida.